Dueño de un alma atrapada en confines vacíos y noches de bohemia y desolación vaga sin razones ni sentidos EL, cruel navegante de los sueños marchitos que como a una bella flor si no se la riega muere y su perpetua belleza perece.
Ese sueño que el navegante anhela y pide a gritos parece marchitarse en lo más hondo de su corazón, ese mismo que hasta hace poco tiempo gritaba por él, pero en menos tiempo del que se puede esperar ese mismo sueño se aleja en la noche que a falta de estrellas, se nubla y lleva con su color gris y desabrido todo ese anhelado sueño a los olvidos y lo lleva a la tristeza.
Lo que hasta hace poco tiempo era alegría y la más firme esperanza de concretarlo, se transformo, gracias al mismo navegante, en una realización prácticamente imposible.
No es que el navegante sea pesimista ni mucho menos, simplemente la realidad muestra sus cartas más crueles y el mismo navegante con su optimismo casi infranqueable ahora parece decaer y su optimismo cuan hoja de papel se quema lentamente.
Preso de su propia impericia y esclavo de su falta de resolución, el navegante de una forma tenue está empezando a dejar de soñar, ya que cada vez que lo hace, cada vez más parece auto-boicotearse y el mismo se hiere y lastima y a su vez lastima a los demás con sus acciones sin sentido.
El navegante ya no navegara los sueños que antes podía felizmente, el simplemente ya no puede hacerlo por el hecho de que no siente la confianza y el valor para no destrozarlos en pedazos dañándose a el mismo.
Sin más, y tratando de olvidar dolores, dejarlos atrás de alguna forma, EL tratara de cicatrizar heridas y calmar su corazón, lo que resulta un trabajo difícil para alguien que muchas veces siente más de lo que debe y sufre el doble de lo que siente felicidad.
Pero intentar, no cuesta nada. Solo resta desearle suerte, la va a necesitar.

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